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Hasta este lunes, exactamente a las 13:54 horas (hora local en el condado de King, en Washington), Melinda y Bill Gates se habían convertido en la excepción que marca la regla. En una cultura corporativa que disuade los romances de oficina, el suyo se había hecho un hueco en más de un manual de recursos humanos. Un amor que, además, instigó la reinvención del concepto filantrópico en el siglo XXI.