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La experiencia debe ser algo increíble. Sumergirse en las profundidades del océano (cómodamente sentado, como si uno estuviera visitando un gigantesco acuario) para descubrir -con tus propios ojos- lo que se esconde bajo ese misterioso manto azul que cubre la inmensa superficie de nuestro planeta. La pregunta que surge es inmediata. ¿Cómo?