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Hubo una época no muy lejana donde lo del moreno marbellí no estaba de moda, como tampoco las playas del famoso pueblo de pescadores. A finales del siglo XIX y comienzos del XX, la realeza española y europea huía del sol y de las altas temperaturas para disfrutar de la costa, pero de otra manera. Así, la corte de Madrid se esfumaba del abrasador calor madrileño -eso sigue sucediendo- para disfrutar de los 20 grados de la cornisa cantábrica. Una tendencia que no solo fue un motor económico para las localidades del norte, sino que les hizo testigo del nacimiento de tres grandes del arte del siglo pasado: los diseñadores Coco Chanel y Cristóbal Balenciaga o el arquitecto Antoni Gaudí.