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De Saint-Tropez merece la pena conocer hasta su origen, pues, según cuenta la leyenda, la ciudad debe su nombre a Caius Silvius Torpetius, un oficial romano de la corte de Nerón que decidió convertirse al cristianismo. Este hecho enfureció tanto a Nerón que ordenó su decapitación, depositando el cuerpo del oficial sobre una barca en el río Arno que, días más tarde, alcanzó la costa, conocida hoy como la costa de Saint-Tropez.