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Si entra a comer en un restaurante en Comillas, advertirá cómo su nombre y su contacto queda registrado por el local como medida de trazabilidad ante un hipotético brote de coronavirus. Sólo 45 kilómetros al oeste, en el popular municipio asturiano de Llanes, podrá realizar esa comida sin ser registrado. En San Sebastián, las discotecas echan el cierre desde hace unos días a la 1.30 horas de la madrugada. En Sevilla, el alterne se prolonga hasta las 5. Desde ayer, en Canarias ni siquiera podrá ir a uno de estos locales. Están cerrados. No sólo es el ámbito de la hostelería. La locura de los reglamentos dispares anticovid se reproduce en el ámbito de las mascarillas, las actividades culturales, las terrazas o, la novedad más reciente regulada en Galicia, el tabaco en la vía pública.