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Argentina alcanzó este pasado martes el ansiado acuerdo con sus acreedores para reestructurar una deuda externa que se había convertido en insostenible (palabras del FMI en febrero de este año) tras la debacle que ha sufrido el peso argentino y la economía nacional en los últimos años. Con este acuerdo, Argentina evita el abismo que habría supuesto que las negociaciones no hubieran llegado a buen puerto, una situación que habría dejado al país prácticamente fuera de los mercados de capitales internacionales y sin capacidad de financiar el déficit por cuenta corriente y los vencimientos de deuda en divisa extranjera. Este escenario obligaría al país a asumir ajustes draconianos y soportar una inflación mucho más alta, generando un estropicio económico, probablemente, superior al actual.