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Tras una caída en picado la actividad económica durante el segundo trimestre (y parte del primero en algunos países), el rebote posterior ha sido fuerte porque, entre otras cosas, se partía desde muy abajo. Las países desarrollados impusieron una hibernación forzada a sus economía en lo peor de la pandemia, por lo que el crecimiento trimestral que ha venido con la reapertura era una tarea relativamente sencilla, que además ha contado con el apoyo monetario y fiscal de bancos centrales y gobiernos. Pero tras la euforia que ha supuesto recuperar parte de la normalidad (primera fase de la recuperación), ahora llega la parte más dura de la recuperación, que además cuenta con la amenaza de los rebrotes de covid que se están produciendo en varias partes del mundo. Esta parte podría estar protagonizada por un crecimiento más lento, un aumento del desempleo, moderación del consumo, descenso del precio de la vivienda…