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Durante la última semana, el Administración del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, utilizó la Convención Nacional Republicana como atril para exponer su maltrecha relación con China. Si el secretario de Estado, Mike Pompeo, alabó el papel del mandatario a la hora de retirar la cortina que revela “la agresión depredadora del Partido Comunista chino”, el propio inquilino de la Casa Blanca insistió en su discurso de aceptación de la nominación de su partido que planea acabar con la dependencia en China “de una vez por todas”.