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En economía, los razonamientos que parecen más sencillos y coherentes muchas veces no solo no lo son, sino que además pueden ser hasta contraproducentes. No existen soluciones fáciles a problemas complejos. Esta semana, Yolanda Díaz, ministra de Trabajo del Gobierno, criticó la propuesta del ministro de Seguridad Social y Migraciones de premiar a quienes retrasen su jubilación. El argumento de Díaz fue simple: si los más mayores permanecen más tiempo en el mercado laboral esto entorpecerá la inclusión de los más jóvenes al trabajo. Sencillo, rotundo y parece que hasta tiene sentido, pero no.