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Los programas de compras de activos a gran escala se han convertido en una herramienta más de la banca central desde la crisis de 2008. La implementación de estos programa en EEUU, la zona euro, Reino Unido… ha tenido efecto notables sobre los mercados financieros, reduciendo el interés que pagan empresas y gobiernos por emitir su deuda, reduciendo primas, incrementado la sostenibilidad de deudas que en otros tiempos hubieran sido insostenibles… Estos programas buscan mejorar las condiciones financieras en un intento por estimular la inversión, el consumo y el empleo, llevando la inflación al objetivo de los bancos centrales, como han asegurado desde el BCE. Sin embargo, varios economistas sostienen que estos programas (QE por sus siglas en inglés) podrían estar suponiendo un lastre para la inflación al tener una mayor incidencia en la oferta (capacidad productiva de un país) que en la demanda.