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La UE y China guardaban grandes esperanzas para este año. Tras siete años de negociación, esperaban concluir un acuerdo de inversión con el que reforzar sus lazos económicos. Una manera de responder al proteccionismo de Donald Trump, y para los europeos un marco para equilibrar la relación comercial con Pekín. Sin embargo, las diferencias crecientes entre ambos socios y las dificultades generadas por el covid-19 han complicado la conclusión de este acuerdo, que la presidencia alemana de la UE quería haber cerrado inicialmente con una cumbre bilateral en Leipzig.