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Situación crítica, compleja, complicada, poco halagüeña, muy grave… Muchos son los adjetivos que emplean los empresarios para calificar el devenir económico y laboral del último cuatrimestre del año. Pero todos confluyen en el mismo: un profundo pesimismo, con ligeros matices en función de cómo haya afectado a su sector el Covid-19. Un pesimismo que hace pensar al tejido productivo que la recuperación será más lenta que lo insinuado por el Gobierno.