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La vida siguió a pesar del confinamiento. Fue un tiempo extraño, sin precedentes y que cada uno vivió como pudo desde su hogar. Un refugio frente al virus que se convirtió en escenario de nuevas recetas, videollamadas con la abuela o de gimnasio improvisado. En el caso de Miriam Escofet (Barcelona, 1967), utilizó este lapso para terminar, por el momento, la obra más destacada de su carrera: un retrato de la Reina Isabel II. Una encomienda de altura que además tenía una ambición pactada: «Lograr un retrato íntimo de la reina que expresara su humanidad», relata la artista en esta entrevista para Status.