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Norwegian esperaba que el verano de 2020 fuera el «mejor de su historia» en términos de rentabilidad y beneficios. Una previsión que fue truncada en marzo, cuando se vio obligada a dejar en tierra más del 90% de su flota, prescindir de 8.000 trabajadores, abandonar el grueso de la bases europeas y pedir ayuda al gobierno noruego y al mercado para poder sobrevivir.