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Desde el confinamiento por el Covid-19, gobiernos y comunidades se han unido para apoyar a aquellos que tradicionalmente se consideran vulnerables a la soledad, como los ancianos. Sin embargo, una combinación de factores, como la pérdida del empleo, el hecho de que se les haya incluido en un ERTE, así como la menor interacción social, ha hecho la vida más difícil a los adultos jóvenes durante la crisis. De hecho, una encuesta de Kaspersky revela que más de dos tercios (68%) de los europeos pertenecientes a la Generación Z (aquellos nacidos entre 1994 y 2001) se han sentido solos desde el brote del coronavirus.