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Ya antes de la pandemia era habitual tropezarse con riadas de ‘runners’ en nuestros parques, avenidas o afueras de las ciudades, desde antes de salir el sol hasta las últimas horas del día. Sin embargo, la sensación de angustia y falta de libertad provocado por los sucesivos confinamientos (además de la necesidad de ejercitarse) ha disparado la práctica del ‘running’ hasta convertirse casi ya en una religión.