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La primera vez que miré Parsley lo hice casi de broma. ¿Qué podía esperar de una compañía que se llama como lo que le pone Karlos Arguiñano a todo plato desde hace 50 años o el islote por el que Federico Trillo siendo ministro de Defensa pronunciase aquello de «al alba con un fuerte viento de levante» para contar que un comando de operaciones especiales recuperaba el terreno invadido durante seis días por gendarmes marroquíes? Energía Perejil (Parsley Energy, en inglés) no era más que una petrolera, especialmente curiosa por la cantidad de informes positivos de los bancos de inversión, con una clara política de generación de flujos de caja libres, control de costes y compromiso con el ESG.